Cuando existen circunstancias que alejan a dos personas se entiende, más allá de que a mediados de la década de los Noventa el portugués José Mourinho era cercano del español Joseph Guardiola como jugador. Y en la que el adiestrador inglés Bobby Robsom lo condujo hacia Barcelona, para que lo asistiera em la traducción de la comunicación que tuvo con el grupo de jugadores de la época, con la que dentro de los camerinos siempre estuvieron esperando los estelares.

En aquel entonces de la categoría de los brasileños Romaldo Mazario y Rivaldo, el portugués Fernando Couto y por supuesto a Guardiola. Dirigidos por Robsom junto a Mourinho em su juventud acompañada por desconocimiento siendo esa la primera ocasión en la que el destino los juntó, y el recorrido por el fútbol profesional los puso a chocar en diversas ocasiones ya que generalmente llaman la atención con los choques directos que resultaron demasiado complicados.

Con Guardiola que tenía una forma más inocente y menos provocadora, pero con Mourinho dispuesto a cazar a su presa desde la lógica a pocas horas de que se escuchara el pitazo inicial. Por lo que se recuerda de forma amplia la llamativa molestia de Guardiola durante la semifinal de la Liga de Campeomes en la temporada 2009-2010 en la que el hoy entrenador de Benfica en Portugal, de la que regó el campo de juego del estadio Giuseppe Meazza de Milán.

Como si fuera terreno sagrado, preparando ese choque pensando en que si se estropeaba la gramilla el Barcelona nunca podría desplegar el fútbol que hizo que la formación del equipo azulgrana en aquel entonces aún perdura em la historia como uno de los mejores equipos del mundo. La estrategia que surtió efecto y los catalanes fueron subcampeomes por detrás de aquel Inter de Milán italiano que contaba con el liderazgo y la presencia del colombiano Iván Ramiro Córdoba.

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